Suspensión de vuelos de aves por órdenes directasde un cielo encerradoentre cuatro celdas de infinito
Clausura de accesos a hormigueros -excesivamente armónicos- por órdenes derivadas de una tierra cautivaa la inevitable certeza del círculo
Tregua inmediataa distractores de flores a cegadores de recuerdos a emisores de bofetadas al aire a porfiados caladores de humanidades a serios detractores de imposibilidades
Clausura y treguaa los vestigios de un pasado -abrazo directo en momentos de necesidad pactada- descuido periódico y firme a las inciertas regularidades del tiempo
Espacio a la lectura de tus ojos por órdenes expresas de un pasado escrito ebrio de sonrisas ondulado de mares lentos acariciado de estrellas
Sospecha sin demora a dos formas de mañana por órdenes implícitasde un recuerdo borroso agotado de caminartras el rastro de nuestros pasos
Intangibles las mujeres de hoy observadas por lectores omnipresentes que descansan en los caminos sin río
Observadas las mujeres de hoy a raíz de sus fotos tomadas en días de alegría en días de no ser pasado fotos verdes como tardes tomadas por el sol fotos oscuras como noches de apagón sin estrellas fotos de familia entre banderas ondeando inversas viaje al país imaginario en año no lejano familia joven sobre impecable parquet color beige paredes blancas pinturas aficionadas en rincones estelares
Intangibles las mujeres de hoy durmiendo risueñas en espacios imaginables cero punto algo segundos de mirada y franqueza acomodándose risueñas el cabello saludando coquetamente una tarde sin viento
Intangibles las mujeres de hoy escapadas de cielos compartidos lejanas como aviones que hacen de memoria nocturnas estrellas de estos lugares que acaparan los segundos en la falsa certeza de rezar al cielo
Intangibles las mujeres de hoy felices como alegrías del pasado en aquellas vueltas en que los después de todo se fundían con el ruido del motor del viaje de regreso
Intangibles como gotas de invierno sin culpa de caer en otro polo o cerca de tu antigua casa
Intangibles y sonrientemente cercanas libres nostálgicas amantes extrañas intangibles inciertas como arcoiris ciertas sin necesidad de tomar helados aquellas tardes de verano en que mi mano tomaba tu mano intangible anclada en otras fotografías tomadas celestes por la bondad de un sol que alojaba para el futuro tristes gorriones en su vientre
El hombre sonreía mientras sus ojos observaban atentamente la fotografía del pianista. Pensaba detenidamente mientras los médicos, con acusadas caras de preocupación, se acomodaban ociosamente para observar el suceso.
Se hablaba de él por todo el edificio. Decían que era un loco de aquellos que no quedaban. Otros tenían teorías al respecto. Cuando pequeño se habría golpeado fuertemente la cabeza o bien nunca tuvo un padre y el trauma causó la falta de coherencia o, simplemente, era una de las tantas criaturas de la viña que había que cuidar por pura filantropía.
- Es un señor gordo a pasos de ser convertido en mariposa
La mayoría sonrío, otros aguantaron las carcajadas, los menos miraban con inquietud la fotografía. No había más: era un pianista gordo, sentado frente a un piano de cola negro.
- ¿Mariposa? ¿Por qué el señor se convertiría en mariposa?
Ella no sonreía. Le preocupaba el caso.
- Porque ser mariposa es ser libre y soberana de mil cielos. Y todos quieren ser mariposa.
- Está bien, pero el señor parece estar sentado frente a un mueble ¿lo reconoces? Es un piano, es un instrumento de cuerdas bien bonito ¿lo ves? Entonces él, con ese piano, hace música. Y alguien debe escucharlo.
- La música no es nada más que revoloteos de mariposas bien ordenados
Los anaranjados cielos presidieron la dulce ceremonia de aquella tarde lejana. El hombre sonreía porque le gustaba mirar las fotos que volvían de un lugar extraño. Este era un paisaje de septiembre, en las playas de Niebla, justo cuando el sol escondía sus brazos en la furiosa quietud del mar. La foto le causaba placer, creía que él la había tomado, tenía la idea de que todas las fotografías las había tomado él.
- Esto si es fácil. Le han disparado a quemarropa a las estrellas y una, la más cercana, ha caído en la mar, su sangre de luz se derramó dejando una huella por la sabana de los cielos.
- Es simplemente un atardecer
- No cualquiera señora princesa, es uno rebosante de asesinatos.
Ella cerró los ojos con impaciencia. Le pasó la siguiente fotografía casi por compromiso. Ésta no era nada fuera de lo común: un auto clásico sobre una calle de adoquines, conducido por un tipo cualquiera vestido de perfecto traje. Quizá por casualidad una mujer agitaba un pañuelo.
- Ese tipo de automóviles llevan a los hombres a pasados de los que no se vuelve, es un viaje de ida a la adolescencia o a cualquier niñez sin pensar en el regreso. La mujer llora como una madre, clavando las primeras espinas en el muro del recuerdo.
- ¿Entonces?
- Él se va a los campos en que jugaba con sus primos, a encontrar pájaros heridos por balas de otros tiempos. Ella le llora porque fue su madre y las madres sufren cuando sus amantes se van lejos, sobre todo al pasado.
- Usted está mal. Sólo es una calle de un barrio popular con un automóvil en primer plano. No busque cosas que no existen. Si existieran serían explícitas ¿me entiende? Estarían alumbradas y subtituladas. Ahí hay un auto, un hombre, una señora, una calle…
- Había
- Está bien. Había. Pero debe aprender a describir objetivamente lo que usted ve.
- Es lo que hago
- ¿Cómo soy yo?
- Eres como un ángel que cayó de las nubes. Supiste disimular las alas y no faltó una esperanza para seguir viviendo. Tu cuerpo no es de este espacio ni de este tiempo, eres algo que se escapa… ¿entiendes? Un ángel.
- Señor. Soy paliducha, tengo el pelo medianamente corto, mis pecas abundan y se me forman margaritas cuando me río. ¿No puede describir eso?
- Sobre tus dimensiones me declaro escéptico, demasiados años he vivido como para describir tu rostro. Eres simplemente una visitante demasiado extraña, saludable como la manzana de la abuela, triste como una flor deshojada…
- Está mal. Déjenlo solo.
El hombre quedó hablando en silencio. Murmuró un par de cosas y se tomó el rostro con un apagado gesto de desesperación. La mujer lo había dejado con las fotografías. Los demás doctores volvieron a sus obligaciones con indiferencia, no había nada más que hacer. Hacían comentarios: unos pensaban que las fotografías no llevarían a ningún lado, otros creían que quizá el enfermo no era tal, sólo era un pobre incomprendido o algo así, uno de los muchos que caminaban por las calles, sólo que éste era conocido.
Antes de abandonar la habitación le regalaron una cara de que todo estaría bien. Él respondió gracias amigos de blanco, nunca olvidaré vuestra sana vocación de hacer las cosas más claras y armónicas. Lo claro y lo armónico se ahogó en la pieza blanca, justo después de que la tarde se cerrara con suave porfía de hospital.
“Niño, mi niño, tu niño y aquel niño, todos van. Rueda, que te rueda, hacia la vida nueva llegarán.”
Gurisito, Daniel Viglietti.
a javi
Se le veía siempre saliendo apresurado de los salones y academias. Con la chaqueta a medio poner y papeles desordenados bajo el brazo enfrentaba las risas de sus circunspectos y frágiles colegas.
Siempre, cuando estaba a diez metros de la puerta de salida, se daba vuelta, alzaba la vista, levantaba su brazo derecho y gritaba “se arrepentirán, canallassabiondos”. Acto seguido explotaba un estruendo; amalgama de insultos, gritos y carcajadas.
Distintas universidades presenciaron el curioso acto. Nadie sabía porque lo invitaban a dar conferencias, se sospechaba que lo hacían por simple gusto académico-burlesco. (Como confidencia: los académicos suelen disfrutar de las derrotas y/o caídas bestiales de sus colegas)
Después de condenar en voz alta el escepticismo de sus correligionarios se sentaba en un parque o plaza a repasar su ponencia y sus apuntes.
“Deben saber, amigos adultos, que la niñez es fundamental. Allende de ser el inicio de nuestras vidas debemos considerarla a la hora de definir los nuevos rumbos de la sociedad [‘fundamental para hacer niñerías’].”
“La niñez comprende los años de mayor ingenuidad del ser humano, por tanto el pensamiento infantil no está aquejado por los vicios y trastornos de nosotros, los adultos. [En este momento mira con el ceño fruncido a los oyentes] El niño como pensador y principal ideólogo del orden mundial. [‘ya te veo gobernado por un niño, pensadorcillo’] Sus coloridas visiones ayudarán a olvidar el gris de nuestras civilizaciones. El amor al juego, al canto, al amigo, al animal y al árbol inundará la pasión de nuestros gobernantes, hoy programados para aniquilar sueños e igualdades.”
“Por eso es preciso abrir las academias a los infantes [ruidos inquietos], enseñarles los libros, escucharlos [cada risita ahogada es un cuchillo que atraviesa un corazón], apuntar sus pensamientos, darles espacio, comprender lo mucho que tienen por decir y que hemos silenciado por siglos [‘silencio tú, ridiculusinfantilista].”
-Debo cambiar las frases, algo hace que estos indeseables personajes no se sientan seducidos por mis ideas.-
Y es que la sociedad no estaba preparada. Se había oído cierta vez que en una lejana isla al oriente los niños gobernaban el imperio, aunque al alcanzar la adolescencia generalmente abdicaban. Los acusaron de inoperancia, mas nadie reparó en sus consejeros, adultos de cuerpo y alma.
El debate, antes sólo enmarcado en salones universitarios, se transformó en tema nacional. Los periódicos usaban los quioscos y las esquinas principales como campos de batalla.
“¿Los niños gobernarán?”
“El chupete y el tuto a palacio”
“Ingenuidad infantil = ¿solución?”
El problema ya era de todos.
-Quizá si busco otro público puedo obtener mejores resultados, después de todo los académicos no hacen revoluciones; las estudian, defienden o atacan dentro de un cómodo café.-
Acomodó sus anteojos, anotó un par de cosas y ordenó sus apuntes.
-¡Los niños!, ellos son el futuro. Alguien tendrá que contarles su papel histórico.-
Tomó su celular e hizo una rápida llamada. En segundos todo quedó listo, sería el martes entrante, el martes triunfante, el martes infante.
♣♣♣
El teatro de la ciudad estaba repleto. Esta vez no asistieron mujercitas delicadas, sombreros alones, bastones ni caras con bigotes. Todo elemento adulto estaba vedado la tarde del martes. En cambio una larga fila de niños con poleras de todos colores aguardaba pacientemente el abrir de las puertas. La prensa hacía preguntas quisquillosas a los pequeños, tratando de retratar en el mejor de los noticiarios la escasa cultura de los angelitos.
Entraron con gran dificultad y se sentaron en los asientos numerados. Un par quedaron de pie y otros tantos sentados en las escaleras. Había un silencio ruidoso, el silencio de los niños.
“Coloridos agentes de cambio, fabulosas esperanzas ingenuas, pequeños retoños de ideales… niños todos: [‘de todas las palabras sólo entiendo niños y todos’] Habrán escuchado o leído [n-i-ñ-o-s a-l p-o-d-e-r] que nuestra pequeña aldea que llamamos país está inmerso en un profundo debate sobre la capacidad de ustedes, los infantes [muestras de asombro]. Quiero que sepan que por todos los centros de estudio los he defendido y he postulado que son los indicados para iniciar el cambio que el país y el mundo necesita.”
El telón mostraba de fondo imágenes de niños insignes. Los cuales, después de una secuencia, se repetían por falta de fotografías. También se alternaban con nostálgicas fotos de pinpón y del vitoreado Juan Carlos Bodoque.
“Llegó la hora de valorar lo que se hace en la niñez. De no mirar con ojos burlescos nuestras caídas, nuestros errores, sino que rescatar con celo infantil los muchos aciertos que procesó nuestra mente lactante [‘ya no quiero ser como mi papá’]. ¿Se han dado cuenta que cuando hacen preguntas curiosas los adultos se ríen alegando demasiada ingenuidad de vuestra parte? Lo que en realidad esconden es ignorancia, pues no saben si los caballos usan pijama, ni si el sol tiene interruptor, menos si los perritos tienen identidad [‘lo sabía’].”
“Escúchenlo bien niños. Defiéndanse, escriban sus andanzas y actos heroicos. Sois los cimientos, sois el futuro [‘y pensar que todo esto era para ser adultos’]. Vuestros pensamientos no deben desecharlos; atesórenlos, muéstrenlos, anótenlos en cada burlesca comprensión adulta.”
Pensó en su argumento fundamental, el que le hubiese servido para callar a tanto académico escéptico, preparó saliva para terminar con gran sentencia la maratónica jornada. Miró a los niños, casi uno por uno, dedicó una sonrisa colectiva, carraspeó y levanto levemente su brazo.
“Y mediten bien sobre su misión en el mundo [silencio sepulcral, silencio de niños]. La madre naturaleza lo pensó bien ['mi mamá no se llama así']. Pensó bien al enviarnos al mundo como niños y cometió un gran error al engrandecer nuestro cuerpo y envilecer nuestra mente. Créanme: son ustedes los fundamentales pues es por eso [por eso y nada más que por eso] que no se nace enviciado, aburrido y resignado. Es por eso que no se nace adulto.”