5.05.2009

Contingencias



3







Suspensión de vuelos de aves
por órdenes directas
de un cielo
encerrado
entre cuatro celdas de infinito

Clausura de accesos a hormigueros
-excesivamente armónicos-
por órdenes derivadas de una tierra
cautiva
a la inevitable certeza del círculo

Tregua inmediata
a distractores de flores
a cegadores de recuerdos

a emisores de bofetadas al aire

a porfiados caladores de humanidades

a serios detractores de imposibilidades


Clausura y tregua
a los vestigios de un pasado
-abrazo directo en momentos de necesidad pactada-

descuido periódico y firme

a las inciertas regularidades del tiempo


Espacio a la lectura de tus ojos

por órdenes expresas de un pasado escrito

ebrio de sonrisas

ondulado de mares lentos

acariciado de estrellas

Sospecha sin demora a dos formas de mañana
por órdenes implícitas
de un recuerdo borroso
agotado de caminar tras el rastro de nuestros pasos





***

4.14.2009

Intangibles las mujeres de hoy




2








Intangibles las mujeres de hoy
observadas por lectores omnipresentes
que descansan en los caminos sin río

Observadas las mujeres de hoy
a raíz de sus fotos
tomadas en días de alegría
en días de no ser pasado
fotos verdes como tardes tomadas por el sol
fotos oscuras como noches de apagón sin estrellas
fotos de familia entre banderas ondeando inversas
viaje al país imaginario en año no lejano
familia joven sobre impecable parquet color beige
paredes blancas
pinturas aficionadas en rincones estelares

Intangibles las mujeres de hoy
durmiendo risueñas en espacios imaginables
cero punto algo segundos de mirada y franqueza
acomodándose risueñas el cabello
saludando coquetamente una tarde sin viento

Intangibles las mujeres de hoy
escapadas de cielos compartidos
lejanas como aviones que hacen de memoria
nocturnas estrellas de estos lugares
que acaparan los segundos
en la falsa certeza de rezar al cielo

Intangibles las mujeres de hoy
felices como alegrías del pasado
en aquellas vueltas en que los después de todo
se fundían con el ruido del motor
del viaje de regreso

Intangibles como gotas de invierno
sin culpa de caer en otro polo
o cerca de tu antigua casa

Intangibles y sonrientemente cercanas
libres nostálgicas amantes
extrañas intangibles
inciertas como arcoiris
ciertas sin necesidad de tomar helados
aquellas tardes de verano
en que mi mano tomaba tu mano
intangible
anclada en otras fotografías
tomadas celestes
por la bondad de un sol
que alojaba para el futuro
tristes gorriones en su vientre




***


3.23.2009

Ensayo


1











El hombre sonreía mientras sus ojos observaban atentamente la fotografía del pianista. Pensaba detenidamente mientras los médicos, con acusadas caras de preocupación, se acomodaban ociosamente para observar el suceso.

Se hablaba de él por todo el edificio. Decían que era un loco de aquellos que no quedaban. Otros tenían teorías al respecto. Cuando pequeño se habría golpeado fuertemente la cabeza o bien nunca tuvo un padre y el trauma causó la falta de coherencia o, simplemente, era una de las tantas criaturas de la viña que había que cuidar por pura filantropía.


- Es un señor gordo a pasos de ser convertido en mariposa


La mayoría sonrío, otros aguantaron las carcajadas, los menos miraban con inquietud la fotografía. No había más: era un pianista gordo, sentado frente a un piano de cola negro.


- ¿Mariposa? ¿Por qué el señor se convertiría en mariposa?


Ella no sonreía. Le preocupaba el caso.


- Porque ser mariposa es ser libre y soberana de mil cielos. Y todos quieren ser mariposa.


- Está bien, pero el señor parece estar sentado frente a un mueble ¿lo reconoces? Es un piano, es un instrumento de cuerdas bien bonito ¿lo ves? Entonces él, con ese piano, hace música. Y alguien debe escucharlo.


- La música no es nada más que revoloteos de mariposas bien ordenados



Los anaranjados cielos presidieron la dulce ceremonia de aquella tarde lejana. El hombre sonreía porque le gustaba mirar las fotos que volvían de un lugar extraño. Este era un paisaje de septiembre, en las playas de Niebla, justo cuando el sol escondía sus brazos en la furiosa quietud del mar. La foto le causaba placer, creía que él la había tomado, tenía la idea de que todas las fotografías las había tomado él.


- Esto si es fácil. Le han disparado a quemarropa a las estrellas y una, la más cercana, ha caído en la mar, su sangre de luz se derramó dejando una huella por la sabana de los cielos.


- Es simplemente un atardecer


- No cualquiera señora princesa, es uno rebosante de asesinatos.


Ella cerró los ojos con impaciencia. Le pasó la siguiente fotografía casi por compromiso. Ésta no era nada fuera de lo común: un auto clásico sobre una calle de adoquines, conducido por un tipo cualquiera vestido de perfecto traje. Quizá por casualidad una mujer agitaba un pañuelo.


- Ese tipo de automóviles llevan a los hombres a pasados de los que no se vuelve, es un viaje de ida a la adolescencia o a cualquier niñez sin pensar en el regreso. La mujer llora como una madre, clavando las primeras espinas en el muro del recuerdo.


- ¿Entonces?


- Él se va a los campos en que jugaba con sus primos, a encontrar pájaros heridos por balas de otros tiempos. Ella le llora porque fue su madre y las madres sufren cuando sus amantes se van lejos, sobre todo al pasado.


- Usted está mal. Sólo es una calle de un barrio popular con un automóvil en primer plano. No busque cosas que no existen. Si existieran serían explícitas ¿me entiende? Estarían alumbradas y subtituladas. Ahí hay un auto, un hombre, una señora, una calle…


- Había


- Está bien. Había. Pero debe aprender a describir objetivamente lo que usted ve.


- Es lo que hago


- ¿Cómo soy yo?


- Eres como un ángel que cayó de las nubes. Supiste disimular las alas y no faltó una esperanza para seguir viviendo. Tu cuerpo no es de este espacio ni de este tiempo, eres algo que se escapa… ¿entiendes? Un ángel.


- Señor. Soy paliducha, tengo el pelo medianamente corto, mis pecas abundan y se me forman margaritas cuando me río. ¿No puede describir eso?


- Sobre tus dimensiones me declaro escéptico, demasiados años he vivido como para describir tu rostro. Eres simplemente una visitante demasiado extraña, saludable como la manzana de la abuela, triste como una flor deshojada…


- Está mal. Déjenlo solo.


El hombre quedó hablando en silencio. Murmuró un par de cosas y se tomó el rostro con un apagado gesto de desesperación. La mujer lo había dejado con las fotografías. Los demás doctores volvieron a sus obligaciones con indiferencia, no había nada más que hacer. Hacían comentarios: unos pensaban que las fotografías no llevarían a ningún lado, otros creían que quizá el enfermo no era tal, sólo era un pobre incomprendido o algo así, uno de los muchos que caminaban por las calles, sólo que éste era conocido.


Antes de abandonar la habitación le regalaron una cara de que todo estaría bien. Él respondió gracias amigos de blanco, nunca olvidaré vuestra sana vocación de hacer las cosas más claras y armónicas. Lo claro y lo armónico se ahogó en la pieza blanca, justo después de que la tarde se cerrara con suave porfía de hospital.





9.27.2008

Estancia



Para el país imaginario
y sus personas reales.




Es cualquier año

y poco nos importa.

La lejanía del país imaginario

se deshizo en sombras

de días que no avanzan.

Es cualquier año.


No hay donde llegar,

ni con quien llegar.

Ando a la corrida

junto a los silenciosos

que saludan con lentas indiferencias.


Son tan cercanos

que hablan otro idioma,

acaso para recordarme

el peso de la certeza,

la fortaleza de la realidad.

Me siento como el pez

que se dio cuenta que no sabe volar.


Nadas. En la nada y para nada.

Te das cuenta que no vuelas

y si nadas.

Te das cuenta que es cualquier año.

Pero poco te importa.


Leer de lado te hace llorar sin proponértelo.

Caen gotas como letras negras:


l j l j l j l j l j l
i y i y i y i y
i i i i i i i
o o o o,

manchan el blanco cielo de tu memoria.

Recuerdas el sabor mustio

de cualquier lejanía,

justo en el momento de tus labios.


Lo advierto:

Si existen los trópicos;

lo sabemos cuando cualquier estación

termina,

cuando no basta con caminar

hacia tus sueños,

cuando no basta con ser estrella

y sentirse fugaz.


Es cualquier año

y poco nos importa.

Las calles recuerdan

que siempre tuve otras,

que sonreía, que cantaba

como cualquier niño

armando su castillo.

Que los ríos del país imaginario

si me hablaban,

pero nunca quise creerle al abuelo

que conoce -en la sordera de sus días-

el extraño lenguaje de las cosas.


Pasan cielos como hojas de calendario.

Azules, sin ligereza, verdes, amarillos.

Ojos que parecen balas,

silencios que me gritan a deshoras,

amaneceres que no dan tregua,

espectros de memoria demasiado jóvenes.



Me han disparado justo antes

del momento de mi mente.



***


9.06.2008

Imágenes de un amigo


pa´l Claudio.



I


A eso de las cuatro de la tarde

caminabas complaciendo al sol.

Con tu polera rasgada

y la resortera en los bolsillos,

esperando que el viento te entregara

uno de mis tartamudos silbidos.


Hacíamos casas ¿te acuerdas?

Piedras y ramas que nunca llegaban a cubrirnos.

Abríamos la mochila con pan y frutas

y nos tirábamos a mirar las nubes en el cielo.

-alguna avioneta molestaba como mosca

en la mañana-


Íbamos al río con tu caña vieja

que siempre estaba nueva.

Yo veía como huían las tencas barrosas

mientras soñábamos con imposibles redes de pescar,

un salmón que estuviera equivocado de rumbo,

Un restorán, mil pescados para cocinar,

ganar con autoridad la liga rural.


¿Te acuerdas de esas piedrecillas que brillaban al sol?

Las metí en una caja de fósforos Cordillera

-los mejores de Chile-

Y el profesor de ciencias

dijo que sólo eran malas ideas de mineral.


Pero soñábamos con la riqueza del brillo.

Industrias, sociedades anónimas, secretos asociados.

Una amistad triunfante,

una fotografía felices para colgar en la muralla


¿Y ahora?


El Caiván se hunde lentamente

con las máquinas amarillas del viejo Lazcano.

El aserradero grita con angustia

dejando en el cielo los últimos alientos

de todos los árboles caídos

y pareciera que el huaso Manuel

nos sigue amenazando

con su enfadada huasca.


¿Dónde quedó el pájaro

que intentamos botar del sauce

tirándole corchetes de cajones?


Volando, en los cielos de tus recuerdos.



II


Era el año dos mil,

pero daba lo mismo que fuera el noventaicinco

o el noventaiocho.

Íbamos a la casa de tu abuela

que bien pasaba por tía provinciana.

Íbamos con los ojos recién levantados

azotados por los rayos del sol

filtrados por los eucaliptos,

huyendo del barro

que la lluvia había dejado como memoria.


Siempre, cuando atravesábamos la capilla

y las casas de los conocidos,

el viejo de la mediagua

salía a espantar a las gallinas,

mientras tú comentabas que nunca tuvo suerte.


Pasaban camionetas que no querían llevarnos

y yo miraba de reojo a tu prima

que hacía como que sonreía.

Nos seguía siempre un perro quiltro

que tenía el nombre

de cualquier vaquero del oeste.


La idea era simple:

a eso de las cuatro reuníamos piedras

y las enfilábamos en los rieles.

Luego nos tirábamos al canal

sobre todo si estaba la compuerta.

Y nos secábamos al sol

mirando a los saltamontes

que parecían aburridos de lo mismo.

Yo tenía que sacarme las espinas

de los calcetines blancos

y tú intentabas atrapar conejos

que herían sus patas

al huir por los laberintos de las moras.


¿Recuerdas que cuando tomábamos once

sonaban como destellos las piedras pulverizadas?

Huíamos, corríamos con medio pan amasado en la boca

y el último sorbo de té Supremo

a escondernos en el rancho pobre,

a ganar tiempo

contando las herramientas

que alguna vez compró tu bisabuelo.



III


Volver de noche

era siempre huir de los zancudos.

Intentar evadir los hoyos

que dejaban las camionetas con zapallos.

Apurar el paso para ir a ver el Festival de Viña

y sentarnos en los sillones

a conversar cosas que luego olvidábamos.


A veces íbamos a la chacra de tu abuelo

que siempre llegaba ebrio por las tardes

en su bicicleta, cayéndose,

y nadie lo ayudaba

porque él se lo había buscado.


Empezábamos por regar las plantas de tomate

y robábamos los más grandes y rojos

para comerlos con sal debajo del sauce.

Me acuerdo de un viejo que su esfuerzo

lo cobraba en Cristales de sietecincuenta.

Jiménez ¿Recuerdas?

Murió, escuché luego,

había tenido roces con un campesino flaco

que hablaba como si estuviera borracho.


Seguramente pelearon a la antigua

y uno quedó botado sobre el barro de alguna calle.

Fue un muerto anónimo por dos o tres días

hasta que lo velaron en una pieza oscura

un cortejo de huasos pobres

peinados con gomina y laca,

esperando, con las manos en los bolsillos,

las bondades del quitapenas.


Inventar es una forma de recordar,

construir historias que las creerás

aunque no hayan sido.


Siempre serán.


Como el cerro que se está hundiendo,

como las vías que no soportan más piedras,

como el perro abriendo camino

hacia un lugar desconocido,

encontrado por otros perros

de otras gentes

de otros tiempos

de otros lugares imaginarios.





***

5.09.2008

Aún llueve







a javi


Veo en el reflejo de la luz

que aún llueve.

Como si las gotas existieran

sólo para caer al suelo

y la luz acusara el fin

de un viaje efímero.


Las penas son como días anónimos

arrancados del calendario,

como gotas calladas

que sólo gritan a la hora de la muerte.


Las luces caídas del cielo

son como sombras que desvelan

al silencio.

Un pájaro escondió el rastro

de su último vuelo nocturno.


Caminar por los recuerdos

es vivir con destellos que murmullan

los segundos que sobran,

es abrir la ventana tras la lluvia

o cerrar la puerta tras la nostalgia.


Veo en el reflejo de la luz

que aún llueve.

Como si hubieras decidido no marcharte.

Y tus recuerdos caen a goterones

sobre el muro de mi memoria,

indicando con cada golpe

un segundo,

un respiro,

una esperanza.



***


Día de lluvia y tormenta en el D.F.
Siempre,
estoy seguro de que siempre,
sale el sol.

32, y contando.





2.17.2008

Defensa de la niñez

“Niño, mi niño,
tu niño y aquel niño,
todos van.
Rueda, que te rueda,
hacia la vida nueva
llegarán.”

Gurisito, Daniel Viglietti.


a javi


Se le veía siempre saliendo apresurado de los salones y academias. Con la chaqueta a medio poner y papeles desordenados bajo el brazo enfrentaba las risas de sus circunspectos y frágiles colegas.

Siempre, cuando estaba a diez metros de la puerta de salida, se daba vuelta, alzaba la vista, levantaba su brazo derecho y gritaba “se arrepentirán, canallas sabiondos”. Acto seguido explotaba un estruendo; amalgama de insultos, gritos y carcajadas.

Distintas universidades presenciaron el curioso acto. Nadie sabía porque lo invitaban a dar conferencias, se sospechaba que lo hacían por simple gusto académico-burlesco. (Como confidencia: los académicos suelen disfrutar de las derrotas y/o caídas bestiales de sus colegas)

Después de condenar en voz alta el escepticismo de sus correligionarios se sentaba en un parque o plaza a repasar su ponencia y sus apuntes.

“Deben saber, amigos adultos, que la niñez es fundamental. Allende de ser el inicio de nuestras vidas debemos considerarla a la hora de definir los nuevos rumbos de la sociedad [‘fundamental para hacer niñerías’].”

“La niñez comprende los años de mayor ingenuidad del ser humano, por tanto el pensamiento infantil no está aquejado por los vicios y trastornos de nosotros, los adultos. [En este momento mira con el ceño fruncido a los oyentes] El niño como pensador y principal ideólogo del orden mundial. [‘ya te veo gobernado por un niño, pensadorcillo’] Sus coloridas visiones ayudarán a olvidar el gris de nuestras civilizaciones. El amor al juego, al canto, al amigo, al animal y al árbol inundará la pasión de nuestros gobernantes, hoy programados para aniquilar sueños e igualdades.”

“Por eso es preciso abrir las academias a los infantes [ruidos inquietos], enseñarles los libros, escucharlos [cada risita ahogada es un cuchillo que atraviesa un corazón], apuntar sus pensamientos, darles espacio, comprender lo mucho que tienen por decir y que hemos silenciado por siglos [‘silencio tú, ridiculus infantilista].”

-Debo cambiar las frases, algo hace que estos indeseables personajes no se sientan seducidos por mis ideas.-

Y es que la sociedad no estaba preparada. Se había oído cierta vez que en una lejana isla al oriente los niños gobernaban el imperio, aunque al alcanzar la adolescencia generalmente abdicaban. Los acusaron de inoperancia, mas nadie reparó en sus consejeros, adultos de cuerpo y alma.

El debate, antes sólo enmarcado en salones universitarios, se transformó en tema nacional. Los periódicos usaban los quioscos y las esquinas principales como campos de batalla.

“¿Los niños gobernarán?”

“El chupete y el tuto a palacio”

“Ingenuidad infantil = ¿solución?”

El problema ya era de todos.

-Quizá si busco otro público puedo obtener mejores resultados, después de todo los académicos no hacen revoluciones; las estudian, defienden o atacan dentro de un cómodo café.-

Acomodó sus anteojos, anotó un par de cosas y ordenó sus apuntes.

-¡Los niños!, ellos son el futuro. Alguien tendrá que contarles su papel histórico.-

Tomó su celular e hizo una rápida llamada. En segundos todo quedó listo, sería el martes entrante, el martes triunfante, el martes infante.

♣♣♣

El teatro de la ciudad estaba repleto. Esta vez no asistieron mujercitas delicadas, sombreros alones, bastones ni caras con bigotes. Todo elemento adulto estaba vedado la tarde del martes. En cambio una larga fila de niños con poleras de todos colores aguardaba pacientemente el abrir de las puertas. La prensa hacía preguntas quisquillosas a los pequeños, tratando de retratar en el mejor de los noticiarios la escasa cultura de los angelitos.

Entraron con gran dificultad y se sentaron en los asientos numerados. Un par quedaron de pie y otros tantos sentados en las escaleras. Había un silencio ruidoso, el silencio de los niños.

“Coloridos agentes de cambio, fabulosas esperanzas ingenuas, pequeños retoños de ideales… niños todos: [‘de todas las palabras sólo entiendo niños y todos’] Habrán escuchado o leído [n-i-ñ-o-s a-l p-o-d-e-r] que nuestra pequeña aldea que llamamos país está inmerso en un profundo debate sobre la capacidad de ustedes, los infantes [muestras de asombro]. Quiero que sepan que por todos los centros de estudio los he defendido y he postulado que son los indicados para iniciar el cambio que el país y el mundo necesita.”

El telón mostraba de fondo imágenes de niños insignes. Los cuales, después de una secuencia, se repetían por falta de fotografías. También se alternaban con nostálgicas fotos de pinpón y del vitoreado Juan Carlos Bodoque.

“Llegó la hora de valorar lo que se hace en la niñez. De no mirar con ojos burlescos nuestras caídas, nuestros errores, sino que rescatar con celo infantil los muchos aciertos que procesó nuestra mente lactante [‘ya no quiero ser como mi papá’]. ¿Se han dado cuenta que cuando hacen preguntas curiosas los adultos se ríen alegando demasiada ingenuidad de vuestra parte? Lo que en realidad esconden es ignorancia, pues no saben si los caballos usan pijama, ni si el sol tiene interruptor, menos si los perritos tienen identidad [‘lo sabía’].”

“Escúchenlo bien niños. Defiéndanse, escriban sus andanzas y actos heroicos. Sois los cimientos, sois el futuro [‘y pensar que todo esto era para ser adultos’]. Vuestros pensamientos no deben desecharlos; atesórenlos, muéstrenlos, anótenlos en cada burlesca comprensión adulta.”

Pensó en su argumento fundamental, el que le hubiese servido para callar a tanto académico escéptico, preparó saliva para terminar con gran sentencia la maratónica jornada. Miró a los niños, casi uno por uno, dedicó una sonrisa colectiva, carraspeó y levanto levemente su brazo.

“Y mediten bien sobre su misión en el mundo [silencio sepulcral, silencio de niños]. La madre naturaleza lo pensó bien ['mi mamá no se llama así']. Pensó bien al enviarnos al mundo como niños y cometió un gran error al engrandecer nuestro cuerpo y envilecer nuestra mente. Créanme: son ustedes los fundamentales pues es por eso [por eso y nada más que por eso] que no se nace enviciado, aburrido y resignado. Es por eso que no se nace adulto.”

Los niños, de pie, aplaudieron.


♣♣♣